Historia y evolución.

En el siglo XVII, D. Manuel Ramírez de Carrión utilizó la pedagogía de su época para instruir a los niños, preparándolos para que se integraran en la sociedad.

Más adelante, en la segunda mitad del siglo XVIII, D. Lorenzo Hervás y Panduro publica su tratado Escuela española de sordomudos o arte para enseñarles a escribir y hablar el idioma español, que supone un hito fundamental en el esfuerzo pedagógico para la integración de las personas sordas.


El Diccionario de mímica y dactilología de Francisco Fernández Villabrille, que incluye 1500 signos de lengua de signos española descritos para su realización. Sin duda, se trata del paso más importante hacia la estandarización de la lengua de signos española dado hasta entonces, y una demostración del carácter no sólo natural, sino histórico, de la lengua de signos española.


En el siglo XIX, con el establecimiento en España de los primeros colegios de sordos y de ciegos, se posibilitó la institucionalización de la educación de las personas sordas, ciegas y sordociegas. Esto provocó la interacción lingüística y social entre ellas, así como el inicio del desarrollo sistematizado de las protolenguas de signos española y catalán.


El último cuarto del siglo XX supuso la reivindicación de las lenguas de signos española y catalana como instrumentos de comunicación propios de las personas sordas que optan libremente por alguna de ellas. Numerosos encuentros nacionales e internacionales han debatido sobre la necesidad de su reconocimiento y uso para garantizar el acceso pleno a la educación, los servicios, la vida económica y cultural, los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de la información, así como su necesidad para el correcto desarrollo personal y la participación social de las personas sordas que han optado por esta modalidad de comunicación.



Las lenguas de signos españolas, siendo las lenguas propias de las personas sordas y sordociegas, que han optado por esta modalidad lingüística, no han tenido el reconocimiento ni el desarrollo que les corresponde, a pesar de que numerosas investigaciones llevadas a cabo en el ámbito nacional e internacional han puesto de manifiesto que las lenguas de signos cumplen todos los requisitos de una lengua natural, y poseen unas características gramaticales, sintácticas y léxicas propias. Recientemente, esta situación se ha subsanado y prueba de ello es la aprobación de numerosas normas, entre las que cabe destacar varios Estatutos de Autonomía, que reconocen la importancia de las lenguas de signos.



Comentarios

Entradas populares